Las puertas del infierno
La Argentina transita, una vez más, un escenario donde el discurso del odio se enseñorea de la escena pública.Y una vez más los responsables son los mismos. Nuestra historia abunda en ejemplos. Apenas producidos los eventos de Mayo, Saavedra se refería a Mariano Moreno como “impío, malvado, maquiavélico”, “de baja esfera”, “soberbio”, un “demonio del infierno”. Moreno tuvo que marchar al exilio disfrazado de misión diplomática. Guadalupe Cuenca, su esposa, recibió entonces una caja con guantes, un abanico, un velo y otras prendas de luto, y estas palabras: “Estimada señora: como se que va a ser viuda, me tomo la confianza de remitir estos artículos que pronto corresponderán a su estado“. Moreno falleció en alta mar; el capitán inglés del barco que lo llevaba, le administró un remedio con altas dosis de arsénico que le produjo la muerte. Juan José Castelli, el orador de la revolución, fue sometido a juicio y falleció, víctima de un cáncer de lengua. Antes escribió sus últimas palabras: Si ves al futuro, dile que no venga. La revolución se devoraba a sus mejores hijos, víctimas de un discurso pletórico de un odio casi irracional. El mismo Libertador, José de San Martín, se vería perseguido por los seguidores de Rivadavia, y escribiría a Martiniano Chilavert que “En medio de esos planes lisonjeros, he aquí que el espantoso ‘Centinela’ principia a hostilizarme; sus carnívoras falanges se destacan y bloquean mi pacífico retiro. Entonces fue cuando se me manifestó una verdad que no había previsto a saber: que yo había figurado demasiado en la revolución para que se me dejara vivir tranquilamente”. ‘Centinela’ era un pasquín rivadaviano. San Martín marchó al exilio, donde moriría lejos de la tierra que había liberado. El mismo Chilavert, que pese a ser unitario combatió en Caseros a las órdenes de Juan Manuel de Rosas, fue ejecutado tras la batalla por orden de Urquiza, quien también hizo fusilar a todos los sobrevivientes de la división Aquino, un cuerpo de soldados que habían desertado de su ejército para sumarse al de la Confederación. Sus cadáveres fueron colgados en las alamedas de Palermo. Su pecado, como el de Chilavert, había sido preferir las filas federales, que eran las de la patria, a las del Ejército Libertador de Urquiza, plagado de los mercenarios al servicio del Imperio del Brasil. Podríamos seguir con los ejemplos históricos que muestran cómo un discurso pertinaz instaló el odio como razón política en nuestra historia. Un odio que siempre nació, creció y se alimentó en las mismas filas, las de la tradición europeizante y liberal de los hombres de las luces, aquellos cuya conducta mereció la condena de San Martín: una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer. Configurada la república liberal de Mitre y Sarmiento, este justificaría el asesinato del Chacho Peñaloza escribiendo que “fueron ejecutados cuantos cayeron en poder de las partidas en el lugar de su aprehensión, i por el jefe que los tomó, como lo fué el Chacho, en las mismas condiciones, i por las mismas órdenes del gobierno, dadas desde el principio de la guerra de policía, sin los honores de guerra civil, castigándolos como a salteadores”. Y agregaba “Los guerrillas desde que obran fuera de la protección de gobiernos i ejércitos, están fuera de la lei i pueden ser ejecutados por los jefes en campaña.Los salteadores notorios están fuera de la lei de las naciones i de la lei municipal, i sus cabezas deben ser espuestas en los lugares de sus fechorías. Este es el uso que hace, no la República mas celosa de las garantías, sino todo Estado, todo soberano, de los privilejios que las naciones se han reservado a sí mismas para proveer a su preservación i conservación” (Vida del Chacho, último caudillo de la montonera de Los Llanos, incluida en la edición norteamericana de Facundo; o civilización y barbarie en las pampas argentinas, 1868) (se ha respetado la escritura original). El odio justificante. El mismo que reaparecería contra los anarquistas en 1919 y 1921, contra el yrigoyenismo después de 1930, contra el peronismo derrocado por la revolución fusiladora de Aramburu y Rojas, contra los revolucionarios de los ’60 y ’70, el odio de la dictadura genocida. Odio que toma otros nombres y otros disfraces pero que es siempre el mismo. Odio al que piensa distinto, al que propone un país de iguales, al que tiene la osadía de reclamar por sus derechos. Odio alimentado por una prensa canalla que se especializa en sembrar de demonios la vida cotidiana, que no vacila en usar la mentira, la calumnia, la desinformación más artera, para servir a sus patrones. El problema es que ese odio termina por abrir las puertas del infierno. Y se sabe, del infierno solo salen los demonios para ejercer el terror. Ya lo hemos vivido. Por eso hay que alentar sobre ese discurso. Y miren ustedes: el 18/09/2020 Sergio (el que no) Suppo escribe en LA NACIÓN (dónde, si no) encontrando en “La Argentina, muchos ejemplos para una misma decadencia”. Pero no se refiere a los mercaderes del odio. Por el contrario, para él “Las ideas de la división de poderes y el germen republicano planteado a fines del siglo XVIII en Francia fueron declarados perimidos por Cristina Kirchner y sus seguidores. Perduran, sin embargo, en los manifestantes que con frecuencia salen a las calles a protestar contra los barquinazos del Gobierno, que expresan ese desdén por la democracia”. ¿Eso es lo que ocurre hoy en la Argentina? La Revolución Francesa vino a terminar con los privilegios del Ancien Regime, los mismos que la Tribuna de Doctrina ansía ver restaurados. Los que arrasaron con toda forma republicana fueron los mismos que defiende el columnista. Ellos derrocaron gobiernos constitucionales, derogaron constituciones, proscribieron fuerzas políticas, amañaron elecciones, armaron causas para perseguir a sus opositores contando con un conglomerado de jueces, espías, seudo periodistas y legisladores cuyas bancas nunca estuvieron al servicio del pueblo. Y los manfestantes salen a las calles a reclamar contra la vacuna que nos va a cambiar el adn; a reivindicar la forma plana de la tierra; a proclamar las virtudes del patriarcado; a insultar y agredir a los cronistas de un canal que no dice lo que ellos quieren escuchar. Y por obra y gracia de los medios hegemónicos, los dislates de unos pocos que montan en sus vehículos de alta gama para desgañitarse, desbarbijados, contra toda forma de cuidado de la salud, porque para ellos la pandemia es un invento de los bolcheviques para instaurar la infectadura comunista, se transforman en ciudadanos que claman por la salvación de la República. Por las dudas, el 19/09/2020 Héctor M. Guyot se pregunta si ¿Reaccionarán los anticuerpos del sistema? Habla, claro está, en contra de la más odiada de todas: Cristina Fernández de Kirchner. Y se horroriza porque supone que “En una vuelta campana fruto de un ardid electoral, la acusada ahora juzga y condena a aquellos que, en su rol de jueces de la República, la estaban juzgando a ella como cabeza de una asociación ilícita”. Mentira, por supuesto. La Vicepresidenta solo cumple su rol, conduciendo las sesiones del Senado. Que no ha juzgado ni condenado a nadie, sino que se limitó a poner las cosas en el lugar que la Constitución previó. Sí, la Constitución. Que no dice nada de lo que los energúmenos que aullan consignas anti todo suponen que dice. Guyot se recuesta en los mismos de siempre. “Parece evidente que la condena moral sin eufemismos de los representantes de la política, la empresa, el periodismo y la academia, aunque contundente en muchos casos, no ha alcanzado aún una fuerza de conjunto suficiente como para detener el avasallamiento de la democracia republicana que lleva adelante el Gobierno”. Para hablar de condenas morales, el escriba debería haber recordado las palabras de alguien citado frecuentemente por sus empleadores: decía José Ingenieros que la moral no se predica, se actúa con moral. Con lo que el varipinto arco descrito por Guyot se queda sin palabras: como políticos, el pueblo los rechazó en las urnas de octubre de 2019, como empresarios solo se han preocupado por servir intereses de otros y no los de su patria, como periodistas no cumplen una sola de las reglas de ética profesional, como academia solo se han preocupado por poner el saber lejos de los intereses de la gente. Ojo. Guyot reclama por una fuerza de conjunto suficiente. Solo le falta (por ahora) el reclamo a las fuerzas armadas. Ya cada vez presume menos de su “humor” Carlos M. Reymundo Roberts, y el 19/09/2020 pide “Che, no se rían que esto se puso fulero”. Y arremete contra el gobierno y sin mucho disimulo, contra el Presidente, porque “Las cosas que hace, o deshace, y las que no hace provocan malestar y rechazos, dan lugar a reflexiones, análisis, editoriales, pero sobre todo son tomadas para el lado de la broma o del escarnio”. Provocan malestar en sus mandantes, y las reflexiones, análisis, editoriales se escriben en la misma usina del odio que representan LA NACIÓN y su primo el clarinete mentiroso. Por las dudas recalca que “el principal promotor de este clima de viva la Pepa es el propio Gobierno, con el profesor a la cabeza”. No sea cosa de que a alguien se le ocurra responsabilizar a los que largan a la gente a la calle, provocando el aumento de los contagios por el virus con su secuela terrible de muertes. La otra humorista, Graciela Guadalupe, alerta el 20/09/2020 contra la Gente Brava y enumera una serie de cuestiones que la irritan. “Con la no cuarentena vinieron excarcelación de presos y de amigos presos, la fallida expropiación de Vicentin y el embate contra Edesur. Se produjo la declaración de servicios públicos a la telefonía, internet y la TV prepaga; nacieron los IFE, los ATP y el plan Ahora 12”. De las excarcelaciones que no fueron ya nos hemos ocupado; los datos de la realidad han desmentido a los cronistas del apocalipsis. Y de todo el resto lo único para lamentar es que no se haya resuelto, todavía, la cuestión de Vicentín, la firma que fue beneficiada con millones de pesos por el gobierno macrista en una gestión que los tribunales deberán esclarecer tarde o temprano. El resto fueron buenas medidas que el gobierno debió adoptar frente a la pandemia. Pero los fogoneros del odio no descansan, y el 20/09/2020 Jorge Fernández Díaz arremete contra “La alarmante ineptitud del Gobierno”. Como se cree literato, disfraza sus agravios con figuras que tal vez crea dignas de la pluma de un escritor de fuste. Pero no, son sus diatribas discriminatorias de siempre. “ La familia kirchnerista, que apenas balbucea apotegmas selectivos de Perón y que masculla vetustas oraciones de Jauretche, cuenta sin embargo con su propio fantasma ilustre”. Nunca sus palabras tendrán la repercusión de las del mayor líder popular que tuvo el país en el siglo XX, ni la hondura del pensamiento de quien supo anatemizar a los mercaderes del odio. Ocurre que para el Fernández que no quiere a los de su apellido “Los argentinos llevamos 180 días de confinamiento, y nos sentimos encerrados en una celda hermética, dentro de una cárcel rigurosamente vigilada, que se ubica en una nación tomada por desquiciados y decadentes”. No, Fernández. Los desquiciados y decadentes toman las calles siguiendo las consignas que ustedes les marcan, y se lanzan a poner en riesgo a cuanto vecino tengan cerca. Insiste el tinterillo en sus proclamas ofensivas: “Los dirigentes que forman el cuarto gobierno kirchnerista, salvo honrosas excepciones, no laburaron nunca en el mundo verdadero. Creyeron incluso que podían apropiarse de los juzgados y las fiscalías, perpetrar indultos solapados y destruir la seguridad jurídica sin que la economía sufriera esos percances”. El mundo verdadero del novelero sería aquel en que los trabajadores se resignaran a no tener derechos, los pequeños y medianos empresarios a someterse a los grandes capitalistas, los jueces y fiscales a dictar las sentencias que sus dueños les soplen. Un mundo a la medida de LA NACIÓN. Que no se priva de nada, por cierto. Ni siquiera de darle espacio a Esteban Bullrich, que escondido detrás de alguna foto masculla el 20/09/2020 que “El Gobierno olvida lo esencial para ocuparse de sus intereses personales”. Nada menos que él, que como Ministro de Educación maltrató con el mismo ánimo a docentes, estudiantes, alumnos y familiares, y ahora como senador quiere hacernos creer que está donde no está. Pero que se atreve a decirnos que “el Gobierno está más preocupado en poner el foco en los problemas personales de algunos dirigentes que en resolver las dificultades urgentes que están atravesando los argentinos a causa de la pandemia y la cuarentena”. Habría que recordarle que para instrumentar esas soluciones deberían prestarse, él y sus cómplices, a que el Congreso funcionara, sancionara leyes, promoviera debates. Y no tratar de obstaculizar el desempeño de los representantes que la gente eligió para que plasmen en ordenamientos jurídicos esas soluciones que le preocupan. Como si todo fuera poco, el 20/09/2020 Joaquín Morales Solá intenta hacernos creer que vivimos en “Un país al borde del abismo”. Lo que en realidad ocurre es que hay quienes buscan empujarnos hacia el abismo. Y son los mandantes del columnista. Son los que no se resignan a la derrota sufrida en las urnas, cuando creían que por fin los argentinos habían decidido dejar atrás sus sueños de independencia, justicia y soberanía y se habían resignado a aceptar el dominio de sus explotadores. Morales Solá sabe que hay que inyectar el miedo, y por eso anuncia que “el país está ingresando ahora en la fase más profunda de la crisis económica. El país vacila ante el abismo”. Y lo dice aunque los datos de la realidad lo desmientan, más cuando el gobierno logró reestructurar la infame deuda contraída por el macrismo, con el resultado de hacer bajar el riesgo país a niveles muy inferiores de los que nos había conseguido el neoliberalismo. Igual, a Morales no se le escapan los objetivos fijados por sus empleadores, y entonces cuenta que “Cristina Kirchner se dio el lujo político de destituir a tres jueces que la juzgaron o la juzgarán con el voto de 41 senadores de los 72 que hay en total. La rendición de la dirigencia peronista es tan alarmante como la decadencia económica. Ayudó a Cristina no solo ese número increíble de senadores, sino también la deserción de la Corte Suprema frente a un grave conflicto institucional, la complicidad de la Cámara de Casación Penal (que aprobó las destituciones) y las insoportables dilaciones de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, que no resuelve nada sobre el planteo de los jueces damnificados”. En tantos años de trabajo en los medios Morales algo debe de haber aprendido, como para no ignorar que nadie destituyó a ningún juez, cosa que por otra parte nunca podría haber hecho el Senado. Que Bruglia, Bertuzzi y Castelli fueron devueltos a los tribunales para los cuales oportunamente se les había dado el acuerdo, y siguen por lo tanto siendo jueces. Los senadores no se rindieron, cumplieron con la tarea que constitucionalmente les compete. Y es claro que lo que busca la nota es presionar a la Corte, para que satisfaga los deseos de los dueños del poder. Eso sí, Morales sigue narrando una realidad más virtual que todo lo que provoca la pandemia: “La oposición está acorralada. Los senadores opositores debieron abandonar la sesión en la que los peronistas destituyeron a los tres jueces. A Macri le allanaron la quinta solo porque se había difundido que el expresidente tuvo una reunión con tres intendentes de Buenos Aires que pidieron verlo”. Si los senadores de Juntos por el Cambio se fueron de la sesión, decidiendo no dar debate ni cumplir con la tarea que sus votantes les encomendaron, no fue porque estén acorralados sino porque se niegan a aceptar las reglas de la democracia. Y basta de mentir: no hubo destitución de ningún juez. No es que el escriba no lo sepa. Es que hay que condicionar a la Corte para obligarla a defender lo indefendible: “El paisaje es yermo, se lo mire desde donde se lo mire. La Corte Suprema huyó de su responsabilidad institucional, que la obliga a tomar una decisión en el caso de los tres jueces destituidos de hecho por el Senado que gobierna Cristina. Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y Germán Castelli son jueces que procesaron a la vicepresidenta o la juzgarán por la causa de los cuadernos de las coimas. Los tres recurrieron desesperadamente a la Corte. La Corte calla. La culpa no es de su presidente, Carlos Rosenkrantz, porque este está sometido a las decisiones de la mayoría hasta para escribir una agenda”. Salvemos al delegado de Clarín ante la Corte y veamos si los demás se le suman. Para seguir la tónica, el 22/09/2020 Fernando Laborda habla de “La estrepitosa caída de la imagen presidencial”. Hay que desgastar a Alberto Fernández. SI fallaron las previsiones del default, si no se vino abajo con la rebelión policial, si la pandemia no termina de condicionarlo, habrá que instalar la imagen de alguien que no tiene más fuerzas para desempeñar su cargo. Culpa, claro está, de la odiada Vicepresidenta. Por que estamos frente a “un Presidente que se ha debilitado, tanto por el papel preponderante de Cristina Kirchner como por las contradicciones que viene exhibiendo su discurso público”. Es curioso como por un lado los escribas de los Mitre-Saguier dicen que Cristina no aparece y por el otro le endilgan un rol preponderante. Todo sea para crear el clima deseado. Por eso insiste: “Lentamente, la relación entre el presidente de la Nación y su vicepresidenta tiende a convertirse en tóxica, como se cataloga a las relaciones de pareja donde al menos una de las partes sufren más de lo que gozan y experimenta un creciente desgaste emocional intentando persuadirse de que se puede salvar esa unión”. O Alberto se pelea con Cristina (y se entrega en brazos del enemigo) o habrá que convencer a los que sea necesario de que ya está tan débil e intoxicado que no puede ejercer su cargo. Porque como dice el 22/09/2020 Carlos Pagni, vivimos bajo “La monarquía de Cristina Kirchner”. Pagni es astuto. Maneja mejor las formas que sus compañeros de gesta, no pretende ser un humorista chabacano ni un literato frustrado. Sabe que el exceso de brulotes no asegura el éxito. Así que cuenta que “Pertenecemos a una tradición que, desde hace tres o cuatro siglos, está basada en la siguiente idea: somos personas libres que cedemos parte de nuestra libertad para constituir un Estado que nos administre mejor, pero que preserve más nuestra libertad, que nos permita ser más libres. Para eso delegamos parte de nuestro libre albedrío para tener una Justicia en común, una seguridad, un sistema de salud, un sistema educativo. Pero, como sabemos que ese Estado puede desbordarse y venirse en contra de nosotros, caer sobre nuestras libertades, establecemos una cantidad de dispositivos que nos salven de eso. Uno es la libertad de prensa, la posibilidad de criticar libremente al poder; la otra, una serie de garantías sobre la libertad económica; y otro de los dispositivos que inventó la sociedad occidental para preservarse es la independencia del Poder Judicial”. Parcialmente cierto, lo que cuenta esconde con sutileza sus propósitos. Porque Pagni sabe que el Poder Judicial no es la Justicia en común; que un sistema de medios hegemónicos es lo contrario a la posibilidad de criticar libremente al poder; que las supuestas garantías sobre la libertad económica lo que garantizan es el privilegio de unos pocos sobre los más; y que la independencia del Poder Judicial no es tal cuando sus jueces son seleccionados de entre los que se consideran como los dueños de la tierra y actúan en consecuencia. Que es lo que históricamente, y con pocas excepciones, ha venido ocurriendo en la Argentina. Bajo un discurso de verdades a medias y mentiras ocultas pero completas, se instala en la gente la desesperanza, la creencia en conspiraciones y persecuciones que solo son el fruto de la acción de quienes no saben otra cosa que servir a sus intereses, y el odio contra quienes son señalados como los culpables de ese orden de cosas. Ni siquiera es necesario que sean las grandes mayorías populares las que crean en ese discurso perverso: basta con que lo sean los factores de poder. Y en este caso la apuntada es la Corte Suprema: “Es como si en un hecho anecdótico se concentrara el destino de toda la sociedad: me refiero al caso de los jueces Pablo Bertuzzi, Leopoldo Bruglia y Germán Castelli. Cristina Kirchner como presidenta del Senado y como líder inapelable de la mayoría los desplazó, siguiendo un procedimiento que está cuestionado en la Justicia pero, además, desobedeciendo una acordada de la Corte, de 2018. Cuando aparecen estas anomalías institucionales ocurren rarezas. Cuando una sociedad sabe acordadas de la Corte con nombre y número se trata de una sociedad bastante enferma, porque quiere decir que se están cuestionando cosas muy elementales, que en otros lugares se desconocen, porque no se discuten. La presidenta del Senado, el Consejo de la Magistratura, la ministra de Justicia y el Presidente ignoraron una acordada de la Corte y los reemplazaron”. Pero lo que Pagni no cuenta es que las cosas son al revés. En algún momento se decidió dejar de lado lo que ordena la Constitución, y en lugar de seleccionar los jueces por medio de los concursos del Consejo de la Magistratura, y la posterior propuesta del Ejecutivo y el acuerdo del Senado, se trastocó el sistema y se trasladó a gusto y placer del Ejecutivo a jueces que habían sido seleccionado para unas funciones para que cumplieran otras, y en otras jurisdicciones que no aquellas para las que habían sido designados. En todo caso, aquella acordada de la Corte pasó por encima del sistema constitucional. Nuestro sistema no prevé el gobierno de los jueces; tales funciones les son ajenas. No pueden, por la mera virtud de sus fallos, tirar abajo el andamiaje constitucional que confía a otros poderes la selección y nombramiento de los magistrados. Es hora de volver a poner las cosas en el orden debido. Cosa que, se ve, preocupa a Pagni y sus mandantes. Por eso insiste “La pretensión de remover al Procurador General de la Nación, al jefe de los fiscales, que es el que da instrucciones o puede dar instrucciones a los fiscales que van a acusar al kirchnerismo, a Cristina, o a cualquier otro funcionario también del gobierno de Macri en los tribunales orales. El Procurador puede reemplazar fiscales, les puede decir ‘esta acusación la mantenemos o la bajamos’, ejerce un enorme poder sobre los que acusan”. Seamos claros. Si no se ha designado al Procurador General, es porque la oposición se niega a posibilitar que el candidato elegido por el gobierno obtenga los votos suficientes. Sin ninguna otra razón que la negativa cerrada, ya que el candidato seleccionado no fue cuestionado por esa misma oposición que hoy le niega sus votos cuando fue seleccionado como posible integrante de la Cámara de Casación Penal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Sin que nada haya cambiado, el que ayer era bueno hoy no lo es. Y además es falso que el Procurador General tenga esos poderes: no da instrucciones sobre cómo actuar en los casos en los que los fiscales se desempeñan ni puede ordenarles que desistan de una acusación. Pagni no lo ignora: dice lo contrario porque sirve a sus propósitos. Que quedan claros cuando se queja de que “¿Frente a toda esta crisis la única que hace política es Cristina? ¿O la sociedad argentina tiene recursos como para equilibrar al poder? Justamente este interrogante es el que está detrás de la coparticipación de la ciudad y de la situación de los tres jueces, Bruglia, Bertuzzi y Castelli”. Raro sería que la Vicepresidenta no haga política, que al fin y al cabo es su vocación y su función. Pero hilemos más fino: y preguntémonos nosotros a qué recursos de la sociedad está llamando Pagni en auxilio de sus mandantes. Para que quede todavía más claro de a dónde dirige sus reclamos, termina por decirnos que “Cristina Kirchner ya se llevó puesto al Poder Ejecutivo, y ahora vemos que desde el Senado también lo hace con la Justicia. Esto es lo que está en discusión esta semana, por eso estamos mirando a la Corte”. Cuidado. Están buscando provocar un conflicto de poderes, quieren usar a la Corte para desestabilizar al gobierno. No descansan. Instalan el odio permanentemente. Buscan abrir las puertas del infierno. Que los demonios, ya sabemos, no fueron dos sino uno solo y trabajaron para sus intereses.